Confesiones de un inspector de la guía Michelin

Confesiones de un inspector de la guía Michelin
Confesiones de un inspector de la guía Michelin

Un inspector de la prestigiosa guía roja desvela los secretos de su trabajo a los lectores de Comer

Mi nombre no es relevante, pero desde hace más de quince años soy uno de los famosamente anónimos inspectores de la guía Michelin. No puedo evitar esbozar una sonrisa cuando escucho hablar de nosotros, tachándonos de esos “señores de cierta edad, con pelo gris y sobrepeso, que no dejan de tomar notas en las comidas”. Tampoco es cierto que mi familia o amigos no sepan a qué me dedico. Obviamente que lo saben. Y, aunque hay mucha cosas que no puedo compartir con ellos, entienden cómo trabajamos y no hacen demasiadas preguntas. Lo reconozco, me gusta esa aureola de misterio que nos rodea.A la hora de la verdad soy un cliente normal que reserva, come y paga sus facturas como el resto de la gente. Eso sí, siempre de forma discreta, ya que el anonimato es fundamental para hacer bien mi trabajo. Los restauradores no suelen reconocerme, aunque si un chef descubre quién soy, ¿qué es lo que puede cambiar? Como mucho tratará de añadir más ingredientes a mi plato, lo que supondría un riesgo para él: un plato debe elaborarse siempre con proporciones exactas y, además, suelo comprobar lo que se sirve en otras mesas. Si hay diferencias en el trato fácilmente lo voy a notar.Soy un cliente normal que reserva, come y paga sus facturas”

Source: Confesiones de un inspector Michelin

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